REMUNERACIONES
DIGNAS
Sofía
Flores
Una de las
deficiencias graves de nuestro sistema democrático, el cual se vio reflejado en
aquellos desastrosos periodos de gobierno,
al punto de mandarnos a la bancarrota
acompañados de un conflicto subversivo, fue y aun es la incapacidad para lograr una equitativa distribución de la
riqueza.
Nuestro
desarrollo productivo siempre ha estado a merced de paralizaciones, o enfrentamientos por una población sedienta de remuneraciones justas,
esta negligencia e indiferencia por parte del estado ha servido como terreno fértil muy bien
aprovechado por intereses políticos de algunos malos dirigentes.
El tema
remunerativo siempre ha sido el talón de Aquiles para todo gobernante, y
siempre se ha tomado este problema con ligereza , rellenando o superficialmente
tapando huecos, dando uno que otro aumento o bonificación especial , así la solución del problema se ha dirigido como
un termómetro del quien reclama más o
hace más escándalo .
Está
comprobado que todo el sistema
gubernamental carece de una adecuada distribución equitativa en planes
remunerativos , tampoco tenemos un sistema para compensar el trabajo basado en
el rendimiento justo por la capacidad y el esfuerzo de cada individuo, de allí el resultado mediocre en el servicio
a la población.
El
descontento remunerativo causa una profunda conmoción entre los que lo realizan
y los que necesitan de estos servicios, pero por lo general quien pierde más es
la población.
Por otro
lado se justifica la corrupción de nuestras autoridades porque no están bien remuneradas,
aquí valdría recapacitar el tema de la ética profesional, porque para el ladrón nunca habrá un precio satisfactorio,
su falta de moral inducirá siempre a una
ambición desmedida. Si buscamos una remuneración para la evitar la corrupción entraríamos
en el chantaje mismo de este ladrón.
Hoy nuestros
magistrados entran también en el camino del reclamo justo de sus remuneraciones,
así como cuestionan el anteproyecto de ley de fortalecimiento del poder judicial,
estipulando que serían manipulables por el estado.
Estos
señores o no quieren reconocer sus faltas o las tratan de disfrazar, para toda
la nación es un hecho que nuestra justicia es manipulable, los jueces son
manipulables ante determinados intereses
ya sea políticos o monetarios, los
juicios tienen un precio, los denunciados o sentenciados tienen un precio,
nuestras leyes han servido para satisfacer intereses dejando a un lado la justicia, en todo caso
el criterio y honestidad siempre han tenido un precio.
Aunque
muchos ya sea por odio, resentimiento o venganza no quieran ver lo evidente, es
un hecho demostrado como nuestros jueces y fiscales pueden armar y desarmar leyes para sentenciar
a uno y a otros no. Un ejemplo palpable
es el caso del Ing. Fujimori el único ex presidente, líder de un partido político,
preso, mientras los verdaderos culpables de nuestra desgracia en aquellos
terribles años, están limpios y enriquecidos incluyendo a muchos ex
terroristas.
Nuestro
sistema jurídico siempre será manipulable mientras no exista en estos
magistrados ética profesional, vocación plena del derecho para defender lo justo, criterio honesto para
anteponer intereses personales en aras a una verdadera justicia equitativa e
imparcial.
Las
remuneraciones de jueces y fiscales deben ser justas pero razonables, en función al trabajo en su carrera, su capacidad, sus logros y méritos. La antigüedad no
genera un valor adicional, tampoco el léxico florido del buen entendimiento de las
leyes, el valor de cada juez está
representado únicamente en su talento para impartir justicia, siguiendo lo
estipulado en uno de los principios de su decálogo. “Tu deber es luchar por el
Derecho, pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la Justicia,
lucha por la Justicia”.
No obstante
es menester del gobierno así como de todas sus fuerzas políticas luchar por una
distribución justa de las remuneraciones en los diversos sectores del
estado, aquí no es una competencia de
quien debe ganar más o igual, sino de
retribuir adecuadamente según su desempeño.
El gobierno
debe dar el ejemplo, controlando las remuneraciones excesivas dentro su entorno,
cuanto más costosa sea la burocracia ineficiente, mayor será la indignación en todos los trabajadores del estado.